Fantástica ubicación, buenos colchones.
El olor del detergente utilizado para lavar la ropa de cama era demasiado fuerte, toda la habitación olía a él, como si estuvieras durmiendo en una perfumería.
En las plazas de aparcamiento había (¿nuevas?) señales sin mencionar a Klösterli, lo que generó cierta confusión